MIO Memories in Orbit Un viaje entre máquinas, plataformas y soledad
Lo primero que sentí
MIO: Memories in Orbit fue uno de esos juegos que poco a poco me terminó atrapando muchísimo más de lo que esperaba.
Desde el inicio se nota bastante la inspiración en juegos como Hollow Knight o incluso Ori and the Will of the Wisps, pero MIO logra construir una identidad propia gracias a su ambientación futurista, su dirección artística y la manera en que mezcla exploración, plataformeo y combate dentro de un mundo lleno de máquinas y estructuras abandonadas.
La historia nos pone en el papel de Mio, una androide que despierta dentro de The Vessel, una gigantesca nave espacial donde la humanidad desapareció hace muchísimo tiempo y solo quedaron robots intentando mantener vivo el sistema mientras todo lentamente se va deteriorando. El objetivo principal es recuperar distintas “Voices” para restaurar el corazón de la nave y continuar la misión original del Vessel.
Y honestamente, mientras más avanzas, más difícil es dejarlo.
Cuando el silencio también habla
La narrativa de MIO no es de esas que te lanzan cinemáticas cada cinco minutos ni te explican todo directamente. Mucho de lo que pasa se entiende explorando, leyendo memorias, observando el entorno y hablando con los personajes que vas encontrando durante el recorrido.
Todo el juego transmite una sensación bastante melancólica. Estás dentro de una nave prácticamente rota, llena de máquinas intentando sobrevivir mientras el sistema que las mantiene funcionando poco a poco colapsa.
A medida que avanzas conoces distintas entidades llamadas Voices, como The Eye, The Heart, The Hand, The Blood o The Spine, que básicamente funcionan como las conciencias encargadas de mantener viva la nave o asi lo entendi yo .
Y aunque la historia puede parecer simple al inicio, termina tocando temas bastante interesantes como la memoria, la soledad, el propósito y el desgaste emocional de seguir adelante cuando todo parece perdido algo que conecta conmigo al momento personalemente.
Incluso el jefe final se siente bastante personal. En mi caso, después de 27 horas jugadas y morir una cantidad absurda de veces, llegar a ese enfrentamiento final contra esa especie de reflejo oscuro terminó siendo bastante satisfactorio.
Porque MIO logra algo importante: hace que el jugador sienta que realmente se ganó cada avance.
Aquí fue donde el juego terminó de convencerme.
El movimiento al inicio se siente bastante básico, incluso algo limitado. Pero poco a poco empiezas a desbloquear habilidades y el gameplay cambia muchísimo. saltos , impulsos, deslizamientos, agarres, movilidad aérea… llega un punto donde literalmente puedes atravesar zonas enteras de formas completamente distintas dependiendo de cómo juegues.
Y eso hace que el plataformeo sea una de las mejores partes del juego.
Hay zonas donde todo se convierte casi en una coreografía de movimientos. Saltas, esquivas, te impulsas, vuelves a engancharte y atraviesas escenarios enteros a toda velocidad. Se siente demasiado fluido.
El combate también tiene bastante peso, especialmente en los jefes. Algunos enfrentamientos son realmente exigentes y requieren paciencia, memoria y precisión. No es un juego fácil.
Eso sí, algo que me gustó bastante es que el juego permite ajustar dificultad para las personas que simplemente quieren disfrutar la exploración o la historia sin sufrir tanto.
Pero si decides jugarlo normalmente, prepárate porque hay momentos donde el juego sí exige bastante disciplina.
Un mundo que entra por los ojos
Visualmente, MIO es una locura.
Todo el arte tiene una mezcla entre ciencia ficción y colores pastel que honestamente se ve increíble en movimiento. Hay zonas oscuras y decadentes, pero al mismo tiempo el juego usa iluminación y colores suaves que hacen que todo tenga muchísima personalidad.
El diseño artístico fue una de las cosas que más me hizo recordar a Silksong mientras jugaba, aunque aquí todo tiene una vibra mucho más tecnológica y cyberpunk.
Además, las animaciones son súper fluidas y el diseño de escenarios constantemente logra que quieras seguir explorando para ver qué hay más adelante.
Y algo importante: el juego aprovecha bastante bien el silencio y los espacios vacíos. Muchas veces simplemente caminar por The Vessel ya transmite algo.
La música acompaña perfectamente toda esa sensación de soledad y exploración.
Hay momentos tranquilos donde el soundtrack casi desaparece para dejarte escuchar el ambiente de la nave, y otros donde la música sube muchísimo durante los jefes o las secciones más tensas.
Todo el apartado sonoro ayuda muchísimo a que el mundo se sienta vivo, incluso cuando estás rodeado de máquinas rotas y estructuras abandonadas.
Y sinceramente, hubo zonas donde simplemente me quedé quieto escuchando la música y viendo el escenario.
MIO: Memories in Orbit terminó siendo una de las sorpresas más grandes que me he encontrado este año.
Sí, tiene inspiración bastante clara en otros metroidvania modernos, pero logra destacar gracias a su dirección artística, su ambientación y lo bien que evoluciona el gameplay mientras avanzas.
Después de terminarlo, honestamente sí siento que merece estar en conversaciones importantes cuando se hable de mejor indie o mejor debut indie del año.
No porque quiera reinventar el género.
Sino porque hace muchas cosas muy bien y logra que el viaje se quede contigo incluso después de terminarlo.








